por Rodrigo Alcaraz
No cabe duda, que dentro de las Máximas que contienen las enseñanzas, que se imparten en la Cámara del Aprendiz Masón, encontramos muy elocuentes principios, que llevan como base fundamental, a la más SANA MORAL, principalmente, cuando se trata de analizar y juzgar, en forma consciente a nuestros Usos y a nuestras Costumbres; mismas que Irremisiblemente, nos llevan hacia el conocimiento de todos nuestros actos, desde los que ejecutamos entre nuestra intimidad Familiar, hasta los que públicamente compartimos con nuestros Semejantes en el trato Social, y aún hasta en las relaciones de Amistad con los Pueblos.
Este es uno de los motivos por el cual, consideramos que el presente Tema, se refiere exclusivamente, a la Tercera de las Preguntas, que debemos contestar, y que aparece sobre la Plancha Triangular; la que en realidad nos da a conocer, los medios y el sendero, para llegar a estudiar y a aprender, en forma franca y sincera, el sistema de vida que debemos adoptar, para MODELAR nuestra Materia y para conducir a nuestro Espíritu, por el camino más despejado y limpio de preocupaciones, de incertidumbres, y de las Falsas apreciaciones, que minan a la Conciencia del hombre.
Ante la pureza, la moralidad y la moderación que necesitamos para ejecutar todos nuestros actos, por ser de buenas costumbres nos conocemos, libres en este elevado mundo alejado de las cualidades mundanas, siempre luchando contra el intruso de nuestro interior, aquel que se queja del frio, aquel intruso al que le decimos todos los días que si tenemos por qué luchar.
Nos toca pelear constantemente con un bastón contra nuestros miedos, vamos girando con este mundo, consciente de que las responsabilidades del masón consigo mismo nos guiaran en este oscuro sendero al transitar.
La verdad, la razón y la justicia constituyen las poderosas columnas en que se apoyan nuestros actos, siendo vigiladas únicamente por las finas telas de nuestro corazón. No debemos centrarnos solamente en los actos, también en lo que sueltan nuestros labios, Si las palabras acarician, matan y abrazan ¿por qué no se las cuida como al cuerpo mismo? , desde antes de nacer.
No permitamos que el sol de nuestra inteligencia se oscurezca con la sombra del ego descomunal que flota sobre nuestras cabezas.
Tan espectacular como espantoso, el ego no nos cuida a nosotros, se cuida a sí mismo. Pero que esto no nos sorprenda, ya que hace que el mundo vaya como va.
Renunciemos a la espontaneidad y recuperemos nuestro poder sobre el ego, que incontrolable nos pide dominar la mas intima parte de nuestro interior, en ese sentido, debemos ser modestos para no caer en su trampa.
¿Y qué hacemos con lo que erróneamente llamamos amor? Siendo presas del ego sentiremos distintas necesidades ya que sus efectos componen lo necesario para convertirnos en dependientes, y hacer de nosotros una sombra de lo que realmente somos.
Surfeando las utopías llegamos a mirar más lejos, pasando por encima los sublimes deseos del ego, dejando atrás nuestros límites, escapando de esos momentos crueles a vivir, logrando llegar a un nuevo estado de fluidez, con nosotros mismos.
Culminando el juicio más importante que debemos afrontar, que es el juicio interno, un espejo es suficiente para dejar de lanzar tantas piedras a los demás.
Con el pecho al viento, sabremos que logramos comprendernos, aceptarnos, y querernos, para cumplir los deberes y movernos dejando de lado cuestiones de piel, sexo y religión con los demás.
Conclusión:
Todos los días me levanto maravillado ante la pasmosa poesía de la vida, pero también me levanto abrazando ciertas preguntas, intento responderlas, mientras voy plantando cara a los desafíos que esta nos ofrece.
En este juego, hay muchos oportunistas con cartas marcadas en la mesa, estos juegan con un fuego que a ellos no les quema, van siendo víctimas todos los días con el ego dirigiendo los hilos sobre sus cabezas.
Que placer el mío, que disfruto junto con mis Queridos Hermanos, estos senderos. Y hoy con certeza no me quemo la cabeza gracias a su experiencia, me dieron la oportunidad de transformarme y seguir sintiendo estos razonamientos como los deberes correspondientes a cada masón para con sus semejantes.
Muchos Hermanos me hicieron dar cuenta de mis errores, que no eran pocos, me condujeron hacia la fraternidad, hacia la virtud y hacia la felicidad universal. Vaya donde vaya siempre habrá un clarísimo mensaje fraterno en relación con sus sabias enseñanzas.
Mi silencio, me pide agradecer a todos los gigantes a los que cito en esta plancha, por prestarme sus robustos hombros para llegar más alto y apreciar la existencia de diamantes donde el mundo sólo veía carbón.
Nosotros solo vemos la fuente, no el caudal subterráneo que la alimenta.
Estas respuestas se encuentran ya en lo más profundo de nosotros mismos. Como un manantial subterráneo, listo para que bebamos de él.
Solo espero que no mande el mal, en nuestra bondadosa vereda interna esta la suerte, el amor y el miedo, asegurándonos de tenerlos un poco en cuenta sigamos celebrando con abrazos estas costumbres disfrutando las enseñanzas de la masonería, día a día, tarde a tarde, noche a noche.
Que nos haga llorar el más fino sonido de un bandoneón, al oír sus melodías mientras la masonería nos muestre la vida bella, aunque dura, mientras la masonería nos muestre, que se puede vivir a pleno cada instante.
La prueba de esta verdad está en cada persona y, por lo tanto, con introspección y autoanálisis. Si un hombre modifica radicalmente sus pensamientos e intenciones, quedará asombrado ante la rápida transformación que efectuará en las condiciones de su vida.
Venimos de la búsqueda del conocimiento y la experiencia, un viaje de autodescubrimiento en el que cada individuo busca su lugar en el mundo. También podríamos considerar que venimos de una conexión profunda con la naturaleza y con otros seres humanos, donde el pasado se entrelaza con nuestras vivencias y aspiraciones. Este cuestionamiento nos empuja a explorar nuestras creencias, a cuestionar el sentido de la vida y a abrazar la incertidumbre que caracteriza nuestra existencia, sugiriendo que, en última instancia, venimos de la propia búsqueda de significado que cada uno de nosotros lleva dentro.